11/06/08

Aromas

El se dejó llevar por el suave olor a pan recién horneado que salía de aquella casita campestre que se encontraba más bien apartada y pasaba desapercibida. Avanzó lentamente hasta llegar al frente de la misma en donde es encontraban inmóviles, un chinchorro y una silla mecedora. Habían varias maceteras que daban al frente de la casita un matiz acogedor; llegó hasta la puerta y se dio cuenta que ésta estaba abierta, pasó y se encontró ante una mezcla de aromas en donde el predominante no era el de pan recién horneado que había sentido sino un olor particular mezcla de jazmín y ropa limpia.
Llegó hasta la cocina y la encontró de espaldas. Sus cabellos eran negros y caían hasta el cuello formando una enredadera de rizos suaves, pudo vislumbrar en su nuca un cablecito que se bifurcaba y terminaba en 2 botoncitos que estaban dentro de sus orejas, no cabía duda; estaba escuchando música y por eso no se había percatado de su presencia. Ella se encontraba acomodando pacientemente un cerro de galletas que yacían en una bandeja. El se sentó y la detalló: llevaba puesto un vestido de algodón que transparentaba tenuemente sus formas, parte de su espalda estaba al descubierto dejando entrever una serie de lunares asimétricos que se perdían bajo el tejido que dibujaba su cintura suave. Recorrió con su mirada el diminuto hilo que se vislumbraba en sus caderas y permitía a la imaginación dar forma a la silueta de unas nalgas bien formadas en contacto con la tela del vestido. Un leve endurecimiento de su pene le hizo sobresalatarse pero la siguió observando. Sus pantorrillas estaban bronceadas y eran delicadas, estaba descalza.

Cerró los ojos y aspiró esa mezcla de olores que danzaban en la cocina. No pudo más y se le acercó, se arrodilló para oler sus piernas bien formadas y subió hasta llegar donde empezaban esas nalgas duras y tentadoras, la mordió suavemente y tras quitarse la tela del vestido de su cabeza la abrazó por detrás agarrando con sus dos manos esos senos al aire libre con unos pezones rosados y endurecidos al contacto de la caricia. Le olió el cuello y pasó su lengua por éste, la apretó aún más contra si y ella pudo sentir cómo aquel miembro duro la rozaba.
El la giró lentamente y la tomó por la cintura para depositar su cuerpo en el mesón de la cocina, su vestido se corrió hacia su sexo al yacer de espaldas, encogió las piernas y quedó ahí; con la respiración levemente agitada, sus senos como dos montañas apretándose contra la tela del vestido, el rostro vuelto hacia un lado y las piernas abiertas.
El le empezó a morder las piernas, oliéndola, lamiéndola, avanzando. Pudo ver sus nalgas y acercó su nariz a ella, las acarició con sus mejías y hundió su cara en ese sexo delicioso que olía a mujer en celo, la olió hasta grabársela en la memoria. Pudo sentir la suavidad de su piel, la textura de sus labios y a pesar que se la hubiese comido en un segundo, le provocaba más esta vez olerla completica. Oler sus deseos, tragarse a través de la nariz las ganas que se la salían por los poros y la hacían respirar pausada pero fuertemente. No le importaba estar erecto y desearla tanto, lo que quería era no dejar que se escapara ni una milésima de aquel olor que por un momento le pertenecía enteramente...

Abrió los ojos y ella le sonreía pícaramente de pie frente a la silla en donde él se había sentado a observarla :) Esta vez no hubo poder el el mundo capaz de ocultar la "dureza" de sus deseos pero no pudo llegar a avengorzarse completamente puesto que sin previo aviso olió irremediablemente las feromonas de aquella mujer que le había hecho cerrar los ojos y perderse en una fantasía olfativa hacía pocos segundos.
Ninguno dijo nada pero el deseo había quedado implícito... ella lo saludó amablemente y él le respondió el saludo. Empezaron a conversar de cualquier cosa, quizás otro día...

Carta III


Ya hace más de un mes que no te había escrito caramelito... Luego de mi última carta ha ocurrido una especie de huracán cuyo ojo soy yo y lo único que he hecho es dejarme llevar viendo como todo es arrasado a mi paso.

No he podido saber de ti. Mis dosis para alimentar mi drogo dependencia han sido incrementadas de manera implacable. He perdido todo pero algunas veces me queda la duda si es que acaso nunca tuve nada...
Mis vecinas no están mejores que yo y la verdad (para serte sincera) no se si alguna vez pueda salir de acá. He tenido que considerar la hipótesis de mi estadía definitiva en este lugar. A veces pienso que iré perdiendo la cabeza irremediablemente, que iré olvidando y al final no me reconoceré de ninguna manera.
Me cortaron el cabello (sólo un poco) y mi estado de ánimo por supuesto que no mejora; aunque me he preguntado qué es una mejora en este sitio? si de lo que se trata es que estemos lo más inmóviles posibles, pero bue...
Trataré de escribirte más seguido aunque sea para hacer algún comentario intrascendente, eso quizás sirva para jugar a que estoy mejorando.

Como siempre cuídate... besos